domingo, 20 de diciembre de 2015

NO PIENSES TANTO

No pienses tanto. Y si piensas, escribe.

La clave de la vida está en querer lo que haces. En hacerlo porque te gusta, y no porque lo tienes que hacer. Algunas cosas necesitan ser hechas despacio para hacerlas con placer. No hay que correr de una actividad a otra. Si no ir haciéndolas todas poco a poco, y paso a paso. Despacito y con buena letra, que nos decían en la escuela. A los médicos, pobrecitos ellos, les hacen escribir deprisa, pero nosotros, que no queremos ir al médico no tendríamos que escribir tan deprisa. Es más, si queremos evitarlo, deberíamos escribir más despacio. Es como escribir y querer evitar errores, evitar ser reiterativos. Quizá deberíamos escribir más despacio.

Y con menos tensión.

Quizá con pluma, para relajar la mano y que no se nos tensione tan rápido el brazo. Así, no nos cansaremos de escribir a las tres líneas, y podremos subrayar lo importante de cada párrafo.

Pluma

Porque las plumas vuelan y son ligeras.

Disfruta de aquello que te cuesta hacer. Esa es la clave de la self-discipline. Refuérzate a cada instante de lo que haces, de que lo haces, y refuérzate también después de hacerlo. Supérate mientras lo haces aunque lleve más tiempo. Emplea tiempo en conseguir que te guste. Ese tiempo, al fin y al cabo, es tu vida. Lávate los dientes con placer. Que ese sea tu momento del día. Disfruta con lo que haces. Desde andar, a vestirte, a escuchar tu respiración. Lee más despacio. Relee lo que hayas leído deprisa. Quiere y ama a la vida, y estarás en ella por más tiempo, aunque mueras joven y creas que has hecho menos cosas. Quizá luego resulte, que en realidad, estabas haciendo más.

La vida, sin la muerte, no podría existir.

Aprende a aceptar la muerte, y a comprender que todo se acaba. Reinterpreta el pasado como aquello que tanto disfrutaste. Mejor aún, disfrútalo de verdad. Quiere a tu vida, y por eso acepta que tenga un final. Persigue lo que hay después del momento de finalizar lo que estás haciendo. Lee despacio. Releer significa que, quizá, ibas demasiado rápido.

Es el poder de salir de la cama, o de cerrar el grifo de la ducha cada mañana. Son nuestros pequeños procesos de duelo de cada día. Desde el preciso momento en que nos despertamos. El fin de los placeres. O el comienzo de estos. Pero cuesta mucho menos aceptar estos duelos, estas muertes, cuando verdaderamente disfrutamos de la experiencia, del tiempo que estuvimos juntos la experiencia y yo.

Por eso, salimos de la cama para darle la bienvenida a un nuevo día, y cerramos el grifo de la ducha para darle la bienvenida a una nueva sensación.

Debemos asumir que todo placer tiene su final, y por lo tanto aprovechar al máximo todos y cada uno de nuestros placeres, de nuestros momentos. Cada una de nuestras respiraciones, de nuestras inhalaciones y exhalaciones, ha de ser un placer y un proceso de duelo. Cada vez que el reloj hace bip-bip, ha de ser un placer y un proceso de duelo. El vivir la vida respiración a respiración, hora tras hora. Inspirar y llenarse de vida, para expirar y aceptar que una nueva vida espera.

Momento a momento. Inspiración a inspiración. Sin prisa.

A veces, se necesita muy poco para ser feliz. El reto está en llegar a esas veces el mayor número de ocasiones posibles.

La vida nos espera siempre más allá de nuestra mente. La vida se vive sin pensar.

Y si piensas, escribe.

***

Ahora, me vais a permitir contaros un poquito de mí.

Acabo de escribir este texto a mano, y siento la necesidad imperiosa de compartirlo con vosotros. Por eso, voy a encender el ordenador y a digitalizarlo. Me estoy acelerando, y dejo de disfrutar de lo que hago. Cuando enciendo el ordenador, me acelero aún mucho más, y por eso me canso tan rápido.

Soy capaz de escribir a un ritmo de alrededor 150 pulsaciones por minuto, pero cometo bastantes errores. A partir de ahora, voy a intentar sacrificar rapidez por corrección, y quizá la tarea se me haga más corta, y en el futuro, más rápida.

Intuyo que al menos será más placentera.

Escribir este texto ha sido una necesidad que ha roto el estado meditativo anterior del cual venía. Pero ahora, cuando acabe, beberé agua y disfrutaré de nuevo de un presente que he sacrificado esperando poder mejorar, y haber mejorado vuestro futuro. O al menos, este preciso presente.

Os deseo lo mejor a todos aquellos que os tomáis la molestia de leerme, y empleáis el mayor regalo que tenéis, vuestro tiempo, vuestra vida, en recoger mis pensamientos. Compartidlos si creéis que otros se pueden beneficiar de ellos, si creéis que el sacrificio de sus vidas, de su tiempo, es merecedor de conocer mis palabras.

Muchas gracias por leerme.

Un abrazo a todos,

Amor y paz. Agua, y a respirar.

Fdo. Carlos Alcalá



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